1.- Adicción Cocaína: una Búsqueda Compulsiva

2.- Cocaína: Una de las Drogas Más Adictivas y Apetecidas por el Tejido Cerebral

3.- Dependencia y Adicción a la Cocaína y al Crack: Daño Cerebral Irremediable

4.- Efectos de la Adicción Cocaína

5.- Más Información Sobre Adicción Cocaína

Adicción Cocaína: una Búsqueda Compulsiva

El mito de que la cocaína no era adictiva tuvo una amplia aceptación en la profesión médica y en la sociedad durante mucho tiempo.

Todavía en los años setenta y ochenta del siglo XX algunos lo sostenían, a pesar del conocimiento que ya se tenía sobre el intenso e irresistible deseo compulsivo por la cocaína que experimentaban los consumidores habituales de esta sustancia.

De hecho, la búsqueda compulsiva de cocaína es la señal fundamental de la existencia de adicción.

Cocaína: Una de las Drogas Más Adictivas y Apetecidas por el Tejido Cerebral

La confusión acerca de las propiedades adictivas de esta sustancia surge cuando se pretende diagnosticar la adicción a la cocaína usando como medida los síntomas de abstinencia de la heroína. Porque mientras que en el caso de la heroína estos síntomas son sobre todo físicos y muy evidentes, los síntomas de la abstinencia de la cocaína son en primer lugar conductuales. En este sentido hay que recalcar que algunas de las más adictivas y peligrosas drogas no producen síntomas físicos muy severos tras el cese de su consumo, y el crack y la cocaína son claros ejemplos. Ambas sustancias son altamente adictivas, pero su abstinencia produce escasos síntomas físicos, ciertamente nada en comparación con los generados por la abstinencia al alcohol o la heroína. Por tanto, cada droga produce unos efectos singulares, únicos, y en el caso de la cocaína y del crack, son muy poderosos.

Un consumidor crónico de cocaína o crack puede desarrollar una gran tolerancia a estas sustancias, y al estar su organismo habituado al consumo de cocaína aparentemente parece que está muy activo y despierto. Pero una vez que se interrumpe el consumo, lo que puede ser muy difícil para un consumidor crónico de cocaína, empezará a sentir los síntomas de abstinencia muy rápidamente. Pero al contrario que en el caso del alcohol o los opiáceos, el síndrome de abstinencia de la cocaína no es dramático, no es esencialmente orgánico, sino ante todo psicológico y relacionado con la conducta del consumidor. Comienza con depresión, ansiedad, agitación y recelo que algunas veces se convierte en paranoia. A medida que la abstinencia avanza, hay un aburrimiento extremo, falta de motivación y depresión. El usuario, al recordar los efectos de la cocaína, o a la gente consumidora, o a objetos o situaciones asociadas con esta droga, le produce un intenso deseo o ansia de consumo. A menudo, estas asociaciones condicionadas provocan un nuevo exceso en el consumo de cocaína.

En lo que al crack se refiere, se multiplican las advertencias de que es instantáneamente adictivo, lo que haría imposible su consumo ocasional o intermitente. Y ciertamente el crack produce una intensa ansia de consumo, que en algunos consumidores se convierte rápidamente en un patrón de gran abuso de crack. Estudios realizados con personas que han consumido crack muestran, de todas formas, que no todos se convierten en consumidores diarios y adictos, y que cuando esto pasa es después de algunos meses de consumo. No hay que olvidar, sin embargo, que convertirse en adicto al clorhidrato de cocaína, es decir, a la cocaína en forma de polvo que resulta de la pasta base, lleva más tiempo.

Dependencia y Adicción a la Cocaína y al Crack: Daño Cerebral Irremediable

Los efectos de la cocaína son inmediatos, muy placenteros, y cortos. La cocaína y el crack producen una intensa, pero breve euforia, que pueden hacer que el consumidor se sienta con más energía. Como la cafeína, la cocaína produce un estado de alerta y reduce el hambre. Entre sus efectos psicológicos están los sentimientos de bienestar y una gran sensación de poder y capacidad que se mezclan con ansiedad e intranquilidad. En la medida en que la droga se desvanece, estas sensaciones temporales de dominación se convierten en una intensa depresión, y entonces el consumidor de cocaína sufre el “bajón”, cae en letargo y puede dormir durante varios días.

Si el consumo de cocaína o crack continúa, los consumidores pueden desarrollar tolerancia y dependencia. Cuando la cocaína se consume repetidamente, el cerebro se adapta y se vuelve cada vez menos sensible a esta sustancia, por lo que la dosis de consumo debe ser incrementada gradualmente para obtener los mismos efectos. Esto es la tolerancia.

Por otra parte, cuando se deja de consumir cocaína o crack, el consumidor experimenta alteraciones psicológicas, esto es, el síndrome de abstinencia, que desaparece cuando se vuelve a consumir cocaína. Estos síntomas de abstinencia se dan porque el cerebro se ha adaptado a la presencia de la droga (es decir, hay una neuroadaptación cerebral), y cuando el consumo de cocaína se interrumpe bruscamente, se hacen evidentes los desórdenes cerebrales que estaban enmascarados por el consumo. Cuando un consumidor se vuelve dependiente de la cocaína, su organismo sólo funciona “normalmente” si recibe esta droga.

Pero es posible tener dependencia de la cocaína sin ser adicto a esta droga, aunque la dependencia frecuentemente conduce a la adicción. Algunas personas puede ser dependientes -si dejan de consumir cocaína sufren síndrome de abstinencia- pero no son consumidores compulsivos y por tanto no son adictos. La adicción implica, como se ha anotado, un intenso e irresistible deseo de droga, un comportamiento de búsqueda compulsiva de cocaína o crack. El consumo de estas drogas se vuelve obsesivo. El adicto está atrapado. El problema o la situación que estuviera intentando resolver cuando comenzó a consumir cocaína se ha borrado de su mente. En este punto, en lo único que puede pensar es en conseguir y consumir drogas. Por tanto, se pierde el control de este consumo y se ignoran sus gravísimas consecuencias, y sólo el tratamiento llevado a cabo por profesionales en un centro de desintoxicación cocaína puede lograr una recuperación de esta enfermedad.

La adicción a la cocaína es, por encima de todo, una enfermedad cerebral, a pesar de que todavía mucha gente cree que la adicción a la cocaína es un problema estrictamente social o de carácter, y se suele caracterizar a los consumidores de esta sustancia como personas moralmente débiles, depravados, gente sin fuerza de voluntad. Frecuentemente se cree, de manera errónea, que los adictos a la cocaína serían capaces de abandonar el consumo si estuvieran dispuestos a cambiar su conducta. Pero lo cierto es que más allá de consideraciones morales o sociales, la adicción a la cocaína es una enfermedad y, por tanto, requiere de un tratamiento llevado a cabo por profesionales para la recuperación del organismo y del tejido cerebral.

Efectos de la Adicción Cocaína

Son comunes las complicaciones médicas y las muertes asociadas a la adicción a la cocaína o el crack. La toxicidad de la cocaína se manifiesta en casi todos los sistemas orgánicos, aunque las alteraciones más dramáticas se producen en el sistema cardiovascular, el hígado y el cerebro.

En el sistema cardiovascular, las más típicas complicaciones por adicción a cocaína, y que frecuentemente desembocan en isquemia de miocardio e infarto, son las taquicardias, hipertensión, ruptura de vasos sanguíneos, arritmias y lesiones arterioescleróticas. La cocaína produce también alteraciones pulmonares, que son particularmente graves en los fumadores de cocaína o crack. Estas alteraciones incluyen barotrauma, inflamación e infecciones en los pulmones, congestión pulmonar, edema, hipertrofia de las arterias pulmonares y necrosis pulmonar.

La adicción a la cocaína puede producir graves neuropatías y conducir a convulsiones, neuropatías ópticas, infarto cerebral, hemorragia cerebral, isquemia cerebral, atrofia cerebral e infarto de miocardio con isquemia y edema global del cerebro.

Pero también, los efectos nefastos del consumo abusivo de cocaína, están fuertemente asociados con psicopatologías. Los adictos a la cocaína sufren una serie de déficit cognitivos, particularmente de atención, solución de problemas, abstracción, desempeño aritmético y memoria de corto plazo. Estos déficit parecen corresponderse con deterioros neurológicos. Pero las psicopatologías más significativas observadas en adictos a la cocaína incluyen anhedonia, ansiedad, paranoia, depresión y trastorno bipolar, desórdenes que pueden predisponer al suicidio y que se cree que contribuyen al deseo compulsivo de cocaína y a las recaídas en el consumo. Alteraciones que tienen procedencia neuroquímica y que persisten durante meses o años después de la abstinencia en el consumo.

Más Información Sobre Adicción Cocaína

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Desintoxicación de la adicción a la cocaína

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NIDA – Adicción y abuso a la cocaína

Plan Nacional Sobre Drogas – Monografía sobre la adicción a la cocaína

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